El ego, puede ser definido como el exceso de valoración que tenemos sobre nuestra propia conducta, evolución, pensamientos, etc.
Un ególatra es aquel que necesita ser el centro de atención y que siente una admiración excesiva por sí mismo, por sus conocimientos o sus actos, ese temido fantasma que no permite que admitamos el poder estar equivocados.
Cada vez con mayor facilidad solemos confundir ego con autoestima, ya que esto significa que valoramos enormemente nuestro trabajo o esfuerzo pero sin descartar o anular la de los demás, pero no me refiero a nuestra propia evaluación, me refiero a la que los demás hacen sobre nuestra persona al juzgarnos, así nos suelen ver desde su propio prisma.
Creo que hemos de empezar por evaluar nuestra propia existencia, no somos perfectos, o al menos eso es lo que pensamos, porque es posible que sí que lo seamos; me explico, podemos llegar a pensar que sentimientos como la tristeza, la envidia, la ira, el odio, la venganza, etc. son negativos para nuestra evolución, pero si analizamos, no es complicado pensar que tal vez necesitemos de la tristeza para sanar emociones o como parte lógica de un proceso.
La envidia no es algo deseable, no queremos tener envidia ni tampoco que nos la tengan, lo consideramos enfermizo, pero hay dos clases de envidia una de ellas es sana, porque el envidiar algo puede convertirlo en una meta, una ilusión que te da fuerzas para llegar a alcanzarlo, claro, si envidias los progresos de otros sin analizar qué es lo que ha hecho y que es lo que tú no haces, pues tenemos un problema importante. La ira es una reacción ante un hecho, pero siempre después de la tempestad habría de venir la calma, tal vez necesitemos exteriorizar, porque si los procesos se viven solo de forma interna, los problemas se pueden quedar anclados. El odio a veces es la antesala del amor, entre ambos extremos existe un problema, una sanación pendiente, que a veces no conseguimos alcanzar y lo mismo sucede con la venganza, todo son procesos, duelos que entiendo necesarios para alcanzar la sanación.
Volvamos al ego, son tantas las veces que han recurrido al ego para intentar anularme que soy incapaz de enumerarlas, el ego se ha convertido en el último recurso de aquel que agota sus argumentos, por desgracia, el término cada vez se convierte con mayor facilidad en algo recurrente, vemos con facilidad el ego en los demás, pero no nos preocupa el analizarnos a nosotros mismos.
Claro, no es lo mismo que alguien al cual no conoces, en una discusión en las redes, opine que tu ego esta por las nubes, a que lo haga alguien a quien conoces y te importa.
En mi particular análisis o forma de ver las cosas, el ego es necesario, al igual que la tristeza, al igual que la ira, al igual que todos nuestros sentimientos, el ego es uno de nuestros propios demonios, es un egregor, pero es nuestro y no podemos eliminarlo, nació y morirá con nosotros, hemos de convivir con él, debemos analizarlo y corregirlo, para que haya un equilibrio, de eso se trata, de alcanzar el equilibrio perfecto. Un ejemplo: el futbolista que mete un gol y corre quitándose la camiseta para celebrarlo, ¿es un ególatra? Pues no sé si le puede llamar así, pero en realidad es una exaltación momentánea de su ego, que bueno soy, que bien lo hago, soy el mejor, me voy a comer el mundo, etc. etc. etc. ¿es mala esta exaltación del ego? No lo creo, es más, es necesaria, no analizamos si se trata de ego o autoestima.
Los primeros en juzgar nuestros fracasos, deberíamos ser nosotros mismos, al igual que también debemos ser los primeros en celebrar nuestros éxitos, ¿sabéis una cosa? Necesitamos fe en nosotros mismos para poder seguir hacia adelante, quien pierde su fe ha empezado a perder su batalla, el ego (en su justa medida) es el alimento que recarga la fe en nosotros mismos. El ego y la autoestima caminan en paralelo y a veces son una misma cosa, solo varia ante el iris de quien que lo juzga, si es el tuyo sueles verlo como autoestima, si es el de otros se convierte en ego, así de delgada es la línea que los separa, por eso muchas veces cuando en discusiones banales alguien me acusa de tener un ego exacerbado, le digo si, efectivamente, lo tengo y además lo necesito, porque a mí me ayuda a seguir, eso les suele desconcertar e irritar y me encanta, porque así deja de ser un argumento para aquellos que carecen de ellos, incluso, en algunas ocasiones he creído constatar que la persona intenta reflejar en los demás sus propias debilidades y cuando acusa al que tiene enfrente sin realmente conocerle, lo que hace es dejar aflorar sus propias debilidades, intentando acallarlas proyectándolas a los demás para autoconvencerse de que el problema es del los otros y no suyo y nadie , repito, nadie está libre de este y otros sentimientos, porque forman parte de nosotros mismos.
Como siempre, así lo entiendo, así lo expreso.
Epifanio Alcañiz
Psíquico
Radiestesista y psícoestesista
Investigador de las energías telúricas
Restaurador bioenergético
Cocreador energético